21
Ene
07

De compras

Elena era una de esas mujeres que se saben dotadas por un cuerpo perturbador. Sabía que más de un hombre soñaba con llevarla a la cama para poseerla… y no le importaba. Aún más, le fascinaba vestirse con ropas provocativas, que no dejaban casi nada a la imaginación. Cuando jugaba tenis, ganaba más puntos por lo corto de sus falditas y el movimiento de sus senos que por su destreza con la raqueta. Si se iba a la montaña, sus shorts llegaban exactamente a media nalga. Por supuesto, todos sus bikinis cabían en un puño.Una tarde Elena decidió que era hora de ir a comprarse un nuevo traje de baño. Era verano y el clima invitaba a darse un baño de sol a la orilla del mar. Así que se vistió con una de sus escotadas blusas, se enfundó en unos jeans bien apretados y salió.

Entró en una pequeña tienda de ropa para damas y se puso a mirar. Había vestidos minúsculos, como los que le encantaban. Había trajes de baño de una y dos piezas, unos más insinuantes que otros.

En la tienda sólo estaban ella y otra clienta, una mujer algo mayor. El único empleado de esa hora la estaba atendiendo pero de vez en cuando le echaba miradas a Elena, que se dio cuenta al instante. Como solía pasarle cuando la miraban, Elena sonrió y sintió un leve calor en su vientre. Realmente le gustaba ser mirada y deseada. Más de lo que cualquiera se imaginaba.

Elena escogió dos trajes de baño y se fue a los vestidores. Se sorprendió al notar lo poco que protegían los cubículos. Cualquiera desde afuera podía hacerse una idea más o menos cercana de la figura de quien estuviera dentro midiéndose algo. Esto provocó una risita en Elena, al tiempo que se sintió en su elemento: “Me voy a medir unos trajes de baño microscópicos en unos probadores donde cualquiera me puede ver. ¡Qué rico!”

Se puso el primero y salió a buscar un espejo. La otra clienta se había ido y la tienda estaba sola. Elena encontró un espejo triple, de los que permiten verse al mismo desde tres ángulos distintos. Se miró, se dio la vuelta como si fuera una modelo de pasarela. Observó cómo la tanga del traje de baño se hundía perfectamente en las profundidades de sus nalgas, vio que la parte superior se amoldaba a sus senos. Lo mejor de todo fue darse cuenta de que el vendedor la miraba descaradamente, con unos ojos que la admiraban y la deseaban en proporciones idénticas.

“Te atrapé”, pensó Elena. Para provocarlo más, empezó a erguirse de manera que sus senos sobresalieran. Se puso de perfil. Se agachó. Tomó sus cabellos y dejó que le cayeran en cascada mientras giraba frente al triple espejo. El vendedor dejó su puesto y cerró las puertas de la tienda; luego se acercó a Elena. Esto hizo que a ella se le secara la boca y se le humedeciera la vagina. “No está nada mal”, pensó. Era joven, como ella. Y su uniforme no escondía que era aficionado a los deportes.

Cuando estuvieron cerca el uno del otro, ella le preguntó:

— ¿Qué te parece?
— Muy bien. Parece que lo hubieran hecho para ti —respondió él, sonriéndole—. Mídete el otro. Me imagino que estás indecisa.
— Algo. Ya vengo. La verdad, necesito unos ojos que juzguen bien.

De regreso en los probadores, Elena se cambió el traje de baño. Se sorprendió al ver que su vagina estaba encharcada. Más que las miradas, lo que la había excitado era que el vendedor era atractivo. La escena era una mezcla perfecta: la exhibicionista que se encuentra con alguien que mira y no le importa si lo descubren.

Salió, contoneándose y mirando fijamente al joven. Elena sintió que el aire se cargaba repentinamente de electricidad. Le preguntó:

— ¿Ahora qué opinas?
— Con cualquiera de los dos arrasas, eso es seguro. Disculpa… mi nombre es Marcos y soy el dueño de esta tienda. Ya casi es la hora de cierre, pero yo me adelanté y cerré. De todos modos hoy casi no ha venido gente. Si quieres, quizá…
— ¿Quizá…? —terció ella, mientras se humedecía los labios.
— Quizá pueda ayudarte a elegir un traje de baño que vaya con tu estilo —le guiñó el ojo a Elena —. Creo que por aquí hay algo más tú.
— ¡Ah, seguro! Por mí, encantada. ¿Y qué tienes en mente?
— Ya vas a ver.

Un minuto después, Marcos apareció con un traje de baño mínimo y se lo puso a Elena en la mano. Ella alzó las cejas, sonrió maliciosamente y le preguntó:

— ¿Tú de verdad crees que yo quepa en esto?
— Casi seguro, aunque no sería problemático si no cupieras —le devolvió la sonrisa Marcos.

Elena desapareció detrás del vestidor, sintiendo que la mirada de Marcos se clavaba en su espalda. ¡Dios, esa forma de mirarla la tenía cachonda! Sus pezones estaban erectos hacía rato y, al cambiarse de traje de baño, comprobó que estaba más mojada de lo que creía.

Salió con el traje de baño que Marcos había elegido. Se le ajustaba como un guante a senos y vagina. Mejor dicho, lo único que le tapaba era las areolas. Y los labios de su vagina amenazaban con salirse por un borde de la pieza inferior de aquel traje.

Los ojos de Marcos parecía que se querían salir de sus órbitas. Y Elena vio que se le formaba un bulto enorme en el pantalón; eso le agitó la respiración. Caminó hacia él, como flotando. Al mismo tiempo iba posando para él. Jugueteaba con su cabello, le coqueteaba descaradamente, le tiraba besitos. Así, hasta que llegó hasta él.

— ¿Te gusta que te miren, no? —preguntó él.
— Sí, pero me mata como tú me has estado mirando desde que entré —le respondió Elena, mientras le echaba los brazos al cuello.
— Puedo matarte de otra manera más caliente —dijo él, mientras la hacía ponerse de frente al triple espejo.

Ambos quedaron reflejados desde tres ángulos distintos. Sus miradas se encontraban a través del espejo. Él la tomó por la cintura y la atrajo hacia sí. Empezó a besar y lamer su nuca mientras le quitaba la parte superior del traje de baño. Elena estaba como en trance, viendo lo que Marcos le hacía, hasta que los gemidos empezaron a escapársele.

Las manos de Marcos se apoderaron de los senos de Elena. Ella se recargó contra él, le abrió la cremallera del pantalón y le sacó el pene, erecto y durísimo. Se dieron un beso ardiente, húmedo, ansioso, lleno de deseo mutuo. Él le acarició el vientre, la espalda, las piernas, mientras ella deliraba.

Sin dejar de acariciarse, se desnudaron y terminaron en el piso de la tienda, siempre frente al espejo. Él la colocó en cuatro y le susurró al oído:

— ¿Así que te gusta que te miren? Ahora te van a mirar como siempre quisiste.

Ella estaba hirviendo de ganas de que Marcos entrara en ella de una buena vez, casi se lo quería gritar porque el deseo la estaba matando. Él no se hizo esperar más y la penetró, arrancándole un tremendo jadeo. Los movimientos de ambos se sincronizaron desde el principio, como si no fuera la primera vez que lo hacían.

No dejaban de mirarse al espejo mientras se movían. En un momento dado, Elena se dio cuenta que cualquiera podía verlos desde afuera pero le importó un comino. Estaba derretida bajo el influjo de Marcos, que había sabido explotar su gusto por las miradas. Su pene la hacía gozar, temblar, estremecerse. Las manos de él no dejaban de acariciarla toda. Aquella era una sesión de sexo fenomenal y ambos la estaban disfrutando al máximo.

Ella sintió que estaba volviéndose loca de placer. Advirtió que el vientre empezaba a hormiguearle y que sentía como descargas eléctricas que la sacudían. Estaba al borde del orgasmo.

— ¡Marcossssss! —gimió Elena.

Él entendió y empezó a darle más duro, haciendo que ella blanqueara los ojos. Ese cambio de ritmo aceleró la llegada de Marcos, que explotó dentro de Elena al mismo tiempo que ella.

El orgasmo fue bestial, divino, único. Quedaron exhaustos, uno en brazos del otro, sus cuerpos entrelazados y sudados.

Eso sí que había sido una buena atención al cliente, pensó ella. Ya sabía que no tendría que seguir buscando trajes de baño en otra tienda que no fuera esa. Entendió que Marcos la atendería siempre así. Y hasta se permitió pensar que esas atenciones se prolongarían más allá de las puertas de la tienda.
Foto de Rainer M. Gillessen
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19 Responses to “De compras”


  1. 1 belita
    21 enero, 2007 en 8:16 PM

    Estaba pensando que necesito comprar un par de cosas. ¿Me pasas la dirección?;-) Besos

  2. 2 venus
    21 enero, 2007 en 11:22 PM

    Marte que post, muy erótico, lleno de una creatividad sin igual, ese relato suena a contado en una noche de cervezas con Marcos, o tal vez pasabas por la vitrina de esa tienda y observastes a traves de los cristales empañados la escena…Espectacular post, muy a tono a lo que ambos queremos hacer.Un placer para mi compartir este erotismo a 4 manos.Besos placenteros

  3. 3 Darilea
    22 enero, 2007 en 6:17 PM

    Un vendedor muy aplicado jajaBesitos

  4. 4 Nacho ®
    23 enero, 2007 en 4:11 AM

    Me tomé el tiempo y no me arrepientoSe lleva aplausos caballero marte.Ojala pase por mis cuentos de mierda y les de una leída. Prometo no desepcionar.

  5. 5 Hermes
    23 enero, 2007 en 12:54 PM

    Un post excelente, sensual y morboso.Besos morbosos

  6. 6 Alba
    23 enero, 2007 en 3:05 PM

    Genial post, Marte. Excelentemente contado, ummm… ya lo creo. Un verdadero placer entrar en vuestra casa, como siempre.Besos desde el agua.

  7. 7 SantoelDiablo
    24 enero, 2007 en 4:31 AM

    Ahora me toca a mi decirles la verdad… Mi verdadero nombre es Marcos. Tengo todo tipo de trajes de baño, acordes a la temporada. Pero lo más importante es que no dejo que una clienta se vaya por problemas de atención. No me importa si es gordita, flaquita, rubia o morena. Lo único que necesita para que el atuendo le quede a la medida es que me deje blanquearle los ojos…Un abrazo (excelente relato Marte)

  8. 8 Hugo
    24 enero, 2007 en 12:08 PM

    Muy buen relato. A propósito, en esa tienda no necesitarán algún empleado, porque ando sin trabajo y muy necesitado.Un besoHugo

  9. 9 Ella
    24 enero, 2007 en 12:37 PM

    Un post que deja ver una vez más la imaginación de nuestro querido amigo. Recreas tan bien las sensaciones que se las trasnmites al lector, haciéndolo vivir el momento, dejándolo perturbado. Sencillamente espectacular. Recibe un abrazo y un beso.

  10. 10 kum kum
    25 enero, 2007 en 1:17 AM

    puta madre!!!!muuuuy exitante!!!!quede caliente querida!!!quiero a elena!!!

  11. 11 Liogat Nosferatu
    25 enero, 2007 en 3:30 AM

    Esto de los blogs eróticos a cuatro manos cada dia me parece una mejor idea. Saludos a ambos

  12. 12 olvidare el ayer...
    25 enero, 2007 en 4:50 PM

    bufff que pasion y elixir en todas tus palabras;es precioso,me encanta leerte y imaginarme todo este amor y deseo.gracias por compartir con nosotros,tu pasion.un abrazo con cariño.

  13. 13 Marta
    25 enero, 2007 en 5:27 PM

    Aquío está casi nevando, pero me acaban de entrar unas ganas locas de comprar un bikini

  14. 14 Scheherazade
    26 enero, 2007 en 7:52 PM

    Aishhh…que bueno eso de que el cliente siempre tiene la razón…

  15. 15 esclava elena
    29 enero, 2007 en 12:39 AM

    Con esa atencion al cliente no habria por que buscar en otro lugar. Muy excitante…

  16. 16 Freyja
    29 enero, 2007 en 4:18 AM

    ESTA BUENISIMO COMO LO CUENTASES GENIAL Y CON UN VENDEDOR ASI ES MEJORME ENCANTO Y TE FELICITOGRACIAS POR TUS SALUDOS EN EL BLOG DE FREYJA TE DEJO UN ABRAZZO Y UNA LINDA SEMANABESITOSBESOS Y SUEÑOS

  17. 17 Travieso
    31 enero, 2007 en 10:27 PM

    Eres tu Helena, me pido ser Marcos aceptas?

  18. 18 Tristán
    5 febrero, 2007 en 10:13 PM

    Vaya, deberíais decirnos por donde queda esa zona de compras. Todos los dependientes y dependientas atienden igual? Lo mismo habría que buscar trabajo por allá 😛 Nos ha encantado el relato. Un saludo.Giselle y Tristán

  19. 19 Monique!
    9 marzo, 2007 en 9:25 PM

    ¿Y no se llevó a Marcos a la playa? Slds


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